JULIANA IRIART

SE VAN A EXTRAÑAR

Junio 2017

Esta muestra es una manera de decir en partes o es un carnaval en invierno o es la convivencia de líneas en todo orden de cosas. SE VAN A EXTRAÑAR. En un sentido cándido alguien que quiere mucho algo intenta dejar registrado que cuando ese algo se divida las cosas van a andar peor, o cada una de las partes va a saberse perjudicada por la separación. La suma de las partes tiene una estructura mayor en ese tercer momento llamado forma ¡Qué peligro que las partes pierdan la vibra! Cada parte es una depresión de la forma.  SE VAN A EXTRAÑAR. En un sentido informativo hay un plural -las/los que se van. ¿A dónde se van? A extrañar. Este puede ser un lugar, una acción sin referencias, un vicio como drogarse. Una mejoría, una apuesta, un reto. Algunos se van de vacaciones, otros se van a extrañar. Esta manera describe una acción objetiva.  SE VAN A EXTRAÑAR. Alguien manda a un par de personas o de objetos o de animales o de espectros a extrañar. Tiene algo de reto, de imperativo. Una especie de condena. Una actitud punitiva. Mandar a extrañar a alguien es complicarle la vida. Es iniciar en lo que se manda un nuevo momento, es un empujón. Supone también, esa sanción, algo de lo ejemplar. El que se va a extrañar vuelve mejor. Capaz no vuelve.  Juliana Iriart suele trabajar arrodillada, pero no reza. Trabaja así para ubicarse inmediatamente con respecto a los materiales. Su taller es muy chico. O más bien está lleno de cosas. Queda en la boca pero no por vocación acomodaticia con la geopolítica del arte sino por herencia familiar real. La atmósfera se la da un reflector y lo que destella de unas telas brillantes plegadas y colgadas del techo, como las que estructuran sin estructurar esta muestra. La otra luz es una vela misteriosa perdida en un rincón. Es tan trabajoso y demanda tanta energía ser uno mismo… 


Juliana Iriart dijo alguna vez que los títulos son “una pieza más de la muestra”. Entonces pasan a ser una pieza exquisita de arte conceptual. Es tan sugerente ese informalismo… Juliana Iriart dijo alguna vez que primero piensa o imagina “experiencias ideales para los visitantes” y que es entonces donde se pone a trabajar. Primero está la sensación y después las cosas. Es una artista de retaguardia, porque espera la predisposición pública, espera de la sociedad lo que la sociedad no espera de los artistas. Eso la vuelve una artista pop más allá de los colores o los materiales. Es tan importante esta premisa para empaparse de lo suyo…


Juliana Iriart dijo alguna vez que “hay que cuidar los espacios inútiles”. Esta definición asegura una vitalidad en su arte difícil de asegurar en tantos otros artistas. Asegura el grado mínimo de indeterminación que necesita un artista para desarmar la perspectiva del típico consumidor de arte y transformarlo en una persona conmovida. Es tan raro que alguien ame lo inútil…
Cuatro maderas con forma de pilote, una en cada pared, que sostienen unas varillas transversales a la sala, una especie de laberinto que sostiene unos motores que sostienen unos alambres que a su vez sostiene pinceles, manijas de canillas, plumas, martillos, látigos y soguitas. Esos objetos tocan pigmentos en polvo y lentejuelas que se esparcen azarosamente por el suelo de la habitación. Si se la mira fijo no dan ganas de entrar, un poco de ruido y tanto color espanta al visitante, que no está preparado para que la tecnología sea tan frágil. No puede ser que dependa de una serie de materias. Digamos que es un elemento más, un pormenor en el orden y un pedazo de asfalto recién destruido que intenta quedar adherido a las personas. 
Tres biombos. Seis telas muy distintas entre sí que son además seis pinturas. Estos artefactos tienen una forma tonta, porque están a la buena de Dios. Son parecidos a un mueble. Las personas hacen lo que quieren con lo poco estructurado de su forma.
 
Quince cuadros que podrían llamarse “La selección de Venecia”, porque son partes de un trabajo en series en el mínimo espacio que habilita un escritorio de un hotel tres estrellas. Pero la acumulación, la diferencia con repetición, el matiz técnico, la insistencia en motivos termina colando este elenco elegido. Pinturas simples hechas con nada, que son una selección de tantas que pasaron de largo. Hacer algo en Venecia con nada, o con casi nada (entre otras cosas un hijo demandando atención) es una manera no oficial de hacer. Por lo tanto una manera artística. 
Escribir es no encontrarle la vuelta a lo que las cosas significan.


                      Juan Laxagueborde, junio 2017